Hay testimonios tan intensos que arrancan por dentro las lágrimas contenidas en cofres de cristal. Brotan burbujas de penas extrañas aliñadas con el ácido que corroe tiempos de vendimias, esos que enajenan y te hacen creer en la felicidad. Pero siempre te surgen poemas escritos en la noche, cuando han dejado de trinar los pajaritos, y el aroma de las frutas se torna rancio.

Se deslizan sobre el vientre todas las caricias inesperadas, y sientes que no te pertenece esa erección de la piel en manos ajenas al recuerdo. Vives sin vivir el ahora, porque te sabes muerta en ese sarcófago donde abundan las urdimbres del adiós perpetuo.

¿Qué misterioso por qué del dolor te habita, si en cada mañana vuelven las ráfagas de aromas tibios con flores a regalarte vida? ¿Qué extraña sensación de amores nuevos se levanta con el calor del sol y borra los presentimientos de la noche? Sonámbula, el remolino te hace rotar sobre la intranquilidad astuta y calcinante. Te agarras a la luz para vencer las tinieblas, y sientes que un poderoso por qué de las cosas te tiene aquí, entre la muerte y la vida.

Carmen Amaralis