Hoy cumple años y está en esos días del mes. Sí, los conoce muy bien, son esos días de vientre inflamado, dolor en las entrañas, ganas de morirse, aspirinas y cama, pero sobre todo, rabia, rabia contenida contra todo y contra todos. Ni la más sabrosa comida le abre el apetito, y es en esos días del mes que más odia a los hombres, esos que solamente tienen que afeitarse la barba y, ya! Felices.

Camina despacito para evitar un accidente, no sea que se le manche la salda y pase una vergüenza roja. Es entonces cuando comienza a confabularse con la vida para odiar y odiar, y desear que se mueran todos los que ríen y gozan, todos los que ven el lado bueno de la vida, el vaso a medio llenar y no medio vacío. Es entonces que se mira al espejo y se ve fea, la nariz grande, los ojos pequeños y las piernas demasiado flacas. Y odia a La Bardot por estúpida y rubia, y detesta el canto de Julio Iglesias, porque le parece un maricón.

-No se te ocurra tocarme, hoy te rompo la cara de un bofetón si te acercas a darme un beso. Para besos estoy.

Siente que la saliva está amarga y el perfume le da nauseas. Está a punto de meterle una patada al primero que se le acerque. Deja caer el vaso con leche con la intensión de ponerse a llorar, y madre para que nadie venga a consolarla.

-Aléjate para siempre, los hombres son un verdadero estorbo. Te detesto. ¿Cómo puedes ser tan insensible? Maldito football, maldita cerveza, maldita verruga que tienes en la frente, pareces un ogro, apártate de mi vista. Te odio.

Paciencia, paciencia de santo, y todo resuelto, sabe que en cuatro días volverá a amanecer cantando, el azul volverá a ser azul y la verruga de la frente le parecerá una flor. Total que esos días del mes duran menos de una semana.

Carmen Amaralis