Hay un silencio espantoso,
y duele.

Invade todos los espacios.

Ácido silente que corroe.

Vibran los rincones íntimos,
se gotean las palabras deseadas
sin que su eco se escuche
en este frio.

Vuelan las sombras del sonido.

Tratan de escurrirse entre los dedos,
desean tener alma,
posarse en el borde del silencio,
pintar con sus colores los sueños.

Pero este silencio mata,
destruye este vacío que arropa el alma
mientras en el otro jardín
se escucha un cantico de vida
con sílabas doradas,
y un zumbido misterioso
repite la palabra amor.

 

 

 


Carmen Amaralis Vega Olivencia