Te quería ver volar,
sin que dejaras el nido.

Verte libre y feliz,
eso quería.

Fue tan corto el amor en mi regazo.

Bastó escuchar una noche tus quejidos,
tus ansias de libertad,
de calor nuevo.

Imposible retener un alma errante,
impedir soltaras mis lazos,
rechazaras ilusiones tibias,
si deseabas fuegos
de madrigueras ardientes.

Y ahora yo,
corazón tatuado
con un hueco en el centro,
trino sonoro de temores viejos,
delirando en las angustias de perderte.

Aquí sola,
triste,
inerte,
con las ruinas de un nido abandonado
y estas ansias de ti.

¡Mi sangre vuela contigo!

 

Carmen Amaralis Vega