Acabo de terminar la batalla,
devastada,
deslizo los mantos oscuros,
recojo cristales rotos
con ardor sobre los labios,
ciega en tiempos borrascosos.

Del jardín salen volando golondrinas,
ardiendo, recojo nidos abandonados,
mientras retumban mis tambores
labrando cicatrices.

Acabo de rendirme,
entregar mis armas,
Inservibles, no pudieron ayudarme.

Ya no le canto a la noche los desvelos,
ya no me peino los risos,
ni perdono a la vida el peligro del silencio.

Acabo de terminar mi última batalla,
he completado la jornada,
las cicatrices de las luchas van conmigo,
así las quiero, sobre la piel,
ellas evitarán otras batallas.

En rojo vivo sigo por la ruta,
acuestas con mi nueva coraza.


Carmen Amaralis Vega Olivencia
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