Tarde en la noche
vuelvo a mi aposento satisfecha.

Sigilosa retomo la pose de mujer ingenua
y  puedo mirarte a los ojos sin sentir culpa.

He vagado  largas horas el arco iris  luminoso
casi ciega de amores y tormentos,
siempre dispuesta a recorridos nuevos,
quebrando las barreras insalvables,
con fantasías doradas a mis pies,
de esas que no dejan huellas en la piel,
pero sí en el alma.

Y por qué sentir culpa,
No hay porque sentirlas,
si los años sobre el vientre no las sienten,
si el temblor del cuerpo lo permite,
y  las lacras ocultas en el alma lo reclaman.

Hago con mi vida lo que quiero y puedo.

Que se pudra la crítica y el desprecio ajeno,
que se muerdan la lengua los hipócritas,
los que niegan sus sentires y se amargan,
con el amargo cruel de la desidia
y  la envidia mortal de los idiotas,
de esos idiotas que no viven,
ni te dejan vivir como tú quieres.

Porque tu vida es una y es solo tuya.

 

Carmen Amaralis Vega