Te observo a distancia y sonrío,
 con la sonrisa del que siente
 en sus venas la esperanza.
 
 Abejita laboriosa sin paga,
 sin esperar miel de mis manos.
 Sigues labrándome la vida,
 cuidando mi jardín,
 arrancando los abrojos,
 saciando la sed de mis silencios.
 
Eres fuente de paz, sabiduría.
 
 Controlas el oleaje febril de mis desvelos,
 cuando quiero arrancar de mi pecho las espinas,
cuando grito desesperada para llenar los vacíos,
cuando el eco retumba en las entrañas,
Y mis bóvedas de cristales se fragmentan.
 
Sabes poner  juicio al desvarío.
 
Eres fuente de luz en mis adentros,
manantial fresco limpiando mis heridas,
pájaro que me prestas sus alas
y se queda en la orilla picoteando mis desganos.

Sabes valorar mi locura.

Eres claro en tus juicios.
Eres sabio, y te amo.

 

 

 

 

 


Carmen Amaralis Vega Olivencia