Son las once de la noche,
un viento furioso se cuela por las grietas de la vida,
gira volteando los pensamientos,
azuzando ideas oscuras.

Duele reconocer el final,
en remolino recuerdos de intentos frustrados,
sueños e ideales malogrados.

Lágrimas furiosas lavan la injusticia de la sangre.

Latigazo en la espalda, herida negra en la piel negra.

Son las once de la noche,
el huracán se aproxima por las aguas de la vida,
aguas profundas de valor profundo.

Valor profundo con dolores profundos.

Ojos de esperanzas fundidas en calderas de torturas,
esclavitud de patria,
prisión forrada de flores y frutas,
frutas y flores en manos ajenas,
manos fuertes en cañones fuertes,
dolor del tiempo que pasa y no se puede.

No se logra ver la gloria antes de morir.

Son las once y en pocos minutos partiré,
me iré en los espirales del viento huracanado,
y dejaré mi Caribe en llanto inútil,
en ideales inútiles,
con el corazón atravesado por la espada enemiga.

Algún día reencarnaré con la fuerza del poder.

 


Carmen Amaralis Vega Olivencia
www.carmenamaralis-vega.com.ve