Estás ahí a la distancia de mis manos,
silueta amada y frágil.

Cordón de corazón latiendo,
Hermoso.

Florece con ternura tu sombra,
castigando mi impaciencia.

Estás ahí,
no puedo evitarlo.

Aunque fabrique muros
con amores nuevos.

Aunque arranque las raíces que me arropan,
y eche al fuego las semillas que sembraron tus besos.
Tu silueta conoce de mis cavidades huecas,
de los cristales que crecieron en mi vientre
lacerando mi vida desde adentro,
 de las mareas que arrastraron mis penas
hasta el delirio irreparable,
partiendo en dos mi mar.

Estás ahí con tu mirada triste
atravesando las orillas de mi cuerpo inútil,
de mi sonrisa falsa,
de mis ojos secos de dolor,
no puedo evitarlo.

Eres poderoso sin saberlo.
Sin proponértelo,
frágil,

tu silueta me destroza la vida.

 


Carmen Amaralis Vega Olivencia