No eres culpable, no te sientas culpable.

De este dolor que me habita
solo es culpable el destino que se pinta por las calles.

De las grietas y los surcos
solo es responsable la infinita sensibilidad.

Esa que me hace llorar cuando veo a un niño desnudo,
con hambre, descalzo, sucio…

De esta angustia que me habita
es culpable ese vértice entre la paz y la guerra.

Guerra con bombas sobre cúpulas antiguas,
sobre escuelas, hospitales y tumbas nuestras.

Que si sufro, no es tu culpa.

Trato de no mirar, y aún con ojos cerrados
veo moverse los cadáveres narcotizados en mis plazas,
y no puedo evitar escuchar esos gritos de niñas violadas,
de partos malogrados por los golpes,
de labios rotos por un puño infame.

Créeme, valoro tu interés en curarme.

De poner tu rostro sobre el mío
borrando las muecas de tristeza,
compartiendo mis angustias,
dibujando la esperanza sobre mi piel vieja,
esperando un día se aclare mi mirada
y te vea revoloteando en tu nube azul.


Carmen Amaralis Vega Olivencia
www.carmenamaralis-vega.com.ve