Después de setenta años de preparación, ya estoy lista para hacer el viaje. He aprendido a comunicarme en ese idioma que trasciende más allá de mi entorno. Mis ojos podrán distinguir esa masa gelatinosa que conforma a los que encontraré.

Espero que esas criaturas vivas no se asusten con la forma tan definida de mi cuerpo sólido, aunque sabemos que estoy hecha de un 80% de agua, agua de mi planeta. Tampoco estoy segura de si a otras presiones atmosféricas, lejos de esta galaxia, este cuerpo mantendrá la forma a la que estoy acostumbrada cuando me miro a un espejo.

Debería estar ansiosa, pero no lo estoy. Tengo una extraña convicción  de que, a donde llegue, encontraré las mismas preocupaciones que en esta Isla tropical, de donde vengo. Estoy convencida de que cualquier forma de vida siempre busca la felicidad y la paz, fuente y esencia infinita del Creador, aunque sea muy difícil vencer la inclinación a la dejadez y el egoísmo, razón de ser de todo hoyo negro.

Arranco mi nave, y voy encomendando mi viaje a la Gran Energía positiva del Universo, confío en que me lleve directo a ese lugar soñado de absoluta belleza.

 

 

Carmen Amaralis Vega