Me deshojo impaciente, lo sé,
voy soltando pétalos de lirios,
allí, donde te espero
resguardando la lujuria.
Caen lentamente sobre la seda blanca
de mi lecho.
Allí se esconde la caricia,
la mueca de placeres incompletos,
el tenue dulce del pan sin levaduras.
Si, en silencio,
te aguardo temblando,
angustiada,
tierna,
tibia.
Rogándole a la vida
susurrar delicias en tu nuca,
lamer tu elixir conjugando verbos,
Y dejarte un poema
tatuado en la mirada.

Carmen Amaralis Vega