Llueve, llueve fuerte,
el frío aturde los sentidos,
y  se despiertan deseos de carisias,
lívido ardiente, infinito.

Es preciso envolver mi piel mojada,
avivar  incendios íntimos,
y  despertar la locura en remolinos.

Llueve, si, llueve fuerte,
la noche está  oscura,
y  deseo esa mirada profunda,
delineando tu resquiebro en ráfagas,
ese húmedo tacto sobre las cicatrices,
que cubras con tu esencia
las  grietas de mi alma y de mi cuerpo
sin notar que en la faena
me devuelves la vida en cada beso.

 

 

 

Carmen Amaralis Vega