No me han enterrado,
ni siquiera saben que estoy muerta.

Mis ojos aún brillan en noches oscuras,
gata recorriendo siempre los mismos pasillos.

Mis ojos aún se iluminan
cuando creo reconocer tu silueta,
es que te acercas despacito con tu sonrisa falsa.

Sonrisa que cubre los deseos que apabullan,
que congelan al alma.

No me han enterrado,
pero reconozco que llevo mucho tiempo muerta,
muy muerta de ganas,
muy muerta entre sábanas dormidas.

Una vez cargué una cruz pesada,
una cruz de negros pensamientos,
de inquietudes y miserias tuyas,
tan mías,
que me mataron sin saberlo.

Llevo largo tiempo muerta,
pero de vez en cuando abro los ojos
tratando de volver a ver la luz,
una luz que devuelva las ganas de resucitar.



 


Carmen Amaralis Vega Olivencia
www.carmenamaralis-vega.com.ve