Cuanto deseo tu flor.
Esas que solo rosa la piel
sin dejar grietas.
Que embriaga suavemente
hilvanando caricias,
arropándote en ternuras
sobre lecho de perlas y espuma.
Deseo tu flor
Y ser estanque donde floten tus pétalos
haciéndome surcos
justo donde comienzan los deseos.
Y en delirio horizontal
deshacerte en mi centro.
Y quedes ahí,
adormecido,
germinando tu luz en mil destellos.

Carmen Amaralis