En retroceso,
girando sobre mis propios suspiros,
he vuelto a recorrer aquellos pasadizos,
me aferro a las paredes,
me desgarro las uñas,
vientos en remolino revelan imágenes que no deseo.

No quiero volver a ver la sangre con el pálpito del cuerpo,
no deseo percibir aquella opaca mirada de pena,
la compasión es indolente,
se apodera,
no la deseo.

Todo tiene su brillo entre las rocas.

Cuando se hunde el piso en abismos insalvables
se siente el revoloteo de alas salvadoras,
llegan al rescate melodías nuevas,
se inundan las cavernas con el dulce fluido
de rayos fluorescentes,
y es entonces cuando me despojo de tristezas viejas,
y comienzo a caminar por ese pasadizo
que me lleva a la luz.

 


Carmen Amaralis Vega Olivencia
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