Cada espacio de mi cuerpo te siente
Encarnando fantasías.

No recuerdo el color de tus ojos
pero su brillo aún me ciega.

No recuerdo si tus manos son grandes,
pero tengo marcados sus dedos en mi vientre.
Cada rincón de mi cuerpo levita en locura.

Saboreo el néctar de tu piel,
ese sabor agridulce de tu espalda
que provoca el deseo irremediable
de fundirnos en caricias nuevas,
profundas, fluorescentes, divinas,
como divino fue tu pecho sobre el mío
jadeante, irradiando luces en delirios.

Cada espacio de mi cuerpo te tiene,
Y no es fácil decirte al oído
que quedo fundida en ti hasta que vuelvas,
hombre luminoso,
con tu luz sagrada
encarnando vida.

Carmen Amaralis