De tanto amarte duele el laberinto de mi cuerpo. 
Duele lacrada la piel con el tacto de tus velos 
rasgando mis silencios. 

Los labios enrojecidos arden 
con la succión imaginada de tus besos 
y no logro abrirlos a la miel de mis adentros. 

Una selva  oculta crece 
forrando  con  espirales mis pechos. 


Duelen las horas inertes, 
cuentagotas de misterios, 
 sobre las sombras del  cuerpo. 

Tu ruta  florece incierta, primavera de desvelos, 
y el rumor de ruiseñores canta al viento de la tarde 
que domina mis silencios. 

Duele este amor que no cabe en los espacios sagrados 
del cofre de los misterios. 

Y recorro pasadizos de naranjos 
florecida con la humedad de los sueños. 

Ahhh, cuanto duele este amor 
sin que se entere mi cielo.

 

 


Carmen Amaralis Vega Olivencia