Te prohíbo despertar sin mis caricias.
Que sean mis ojos la luz de tus mañanas,
Y entre la delicada bruma matutina
Continuar en el  vuelo de las hadas.
Si, te prohíbo dejar el lecho sin caricias tiernas,
sin tu toque de ángel deslizando las sábanas,
Y en ese altar divino colmada de sabores
sabré retribuir con besos
el  privilegio sagrado
de dormir pegadita a tu espalda.

Seguiré descifrando los misterios:
Tú,  cofre de ébano en metamorfosis,
gladiador de esperanzas,
guerrero en delicias.
Yo, luna pálida en tu trono,
dichosa ninfa ruborizada,
rastro de perlas azules para ti.
Si con tu amor y el mío
se llenarán de sorpresas las  mañanas.

Carmen Amaralis Vega Olivencia