Resbalo abierta,
cascada hirviendo,
agua de flor por tu espalda.

Me sumerjo
en los bordes de tus vértices,
furia de brisa con deseos.

Retorcido, escondes la boca delirante.
Ya no hay sorpresas que me confundan
ni alegrías que me envuelvan.

En la lejanía de mis noches
el calor de tus venas lacera mi carne.

Una sombra se burla de mis delirios.
Y sigo aquí,
deseándote,
carne y vino lujurioso,
mueca del destino
esperando,
deseando.

Carmen Amaralis Vega