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No te has ido,
sigues ahí,
pegado a la memoria.
Murmullo morboso, tú.

Telaraña en mis ojos,
Ahí, donde duele,
alacrán de mármol blanco,
aguijoneándome,
lacerándome.
Mirándome a los ojos
en relámpagos fríos,
fúnebres.

Petrificado en mi altar,
David inmaculado,
manos grandes de caricias yertas, tú.
Caricia amurallada
sobre mi colina, tú.
Gota de aceite hirviendo
en mis pupilas.

Y yo, tratando de alcanzar tus venas.

 

 

Carmen Amaralis