Aquí estoy
con la piel sedienta,
con los labios secos.

Camino herrando las rutas de la vida,
esquivando heridas,
escribiendo versos,
lamiendo suturas viejas.

Buscando efluvios nuevos para reverdecer.
Suplico ayuda
a mis musas,
a mis elfos.

Ellos conocen de mi ardiente sed,
de mis vórtices heridos,
de este vientre vacío de esperanzas,
mustio, estéril.

Y me acerco a tu sombra,
logro la frescura de tus besos.

El temblor de tu mirada
trae de repente un halito de vida
que se posa en mi rostro,
cicatrizando lacras
y dolores de ausencias
en los universos vertiginosos
de mi existencia.

¡Agradecerte es poco!

 

 

Carmen Amaralis Vega