Manos divinas confabulan.
No hay marcha atrás,
No  valen  arrepentimientos.

Cómo arrepentirnos del placer en la piel,
del brillo en  los ojos pidiendo un poco más
del sagrado elixir de las  bocas  
girando en cavernas de delicias.

Cómo arrepentirnos de todas las  locuras.
De esas locuras que nos cubren el centro,
en  prístino cántico celestial
delirando en el milagro del gemido,
arrebatados en este templo de mármol vivo.

Cómo arrepentirnos, reprocharnos,
si en medio del placer escuchamos
las campanas repicando en nuestros cuerpos.

Cómo arrepentirnos si sentimos
los fulgores interiores del alma
con  el sagrado ritmo de la vida,
en el místico refugio del amor,
como el núcleo ardiente
del centro de los sueños,
porque  para amarnos nacimos.

Carmen Amaralis