Cansada,
tiré al desperdicio las horas de faena.

No quise contemplar el fracaso de mis manos,
de  mi cuerpo.

De estas manos que conocieron la erección de tu piel,
piel morena de delirios,
morenísima.

De este cuerpo hirviendo de deseos.
No quise reconocer los surcos de mi frente
pensando día a día en los eclipses de tu boca,
cuando mordías mis labios abiertos en flor.

Es  tarde  para comenzar una nueva ruta,
dejando atrás  los pedregales recorridos,
siempre ansiando la calma del mar.

De  ese mar dormido en mis entrañas,
sereno de caricias,
de ese mar suplicante
donde flotan las algas verdes del amor.

Estoy cansada.
Este alma atrapada en sombras solo desea
Jugar con el perro en el jardín
mientras se pone el sol en el horizonte.

Horizonte  que tanto conocemos tú y yo

 

 


Carmen Amaralis Vega Olivencia