Leyando a Borges

Cuando leo a Borges se me depierta la sed infinita,
la que provoca la sequía más allá del alma,
la que cubre de perlas nacaradas el prado seco de mi estravío,
surgen gaviotas de la nada,
y se despiertan los sentidos al ritmo sacro de la luz.

Cuando leo a Borges recuerdo el murmullo cristalizado en mis cavernas,
la silueta fragil del olvido,
y su sutil mirada me persigue por los rumbos sin pausas de mi andar.

Cuando leo al Poeta se despiertan todos los dioses que me habitan,
y me convierto en sembradora de peras y manzanas,
cultivo la última orquidea del jardín frondoso de mis cielos,
y un zumbido de abejas ucupa todos los espacios de mi cuerpo.

Aderida a la yerva voy,
y me convierto en pájaro verde que sobrevuela
las profundidades de mi centro.

Es que llevo sus musas revoloteando en mi cabeza.




Carmen Amaralis Vega Olivencia
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