En la puntita de los pies,
retorcida.
Así, tratando de alcanzar lo inalcanzable,
escudriño esa escurridiza mirada.
Te vas yendo de a poquito,
agua tibia sobre pecho febril,
puño apretado,
cordón atado a mi garganta.
Logro el contacto,
Iris con iris,
Me pierdo en tus cavidades
Y descubro un desierto en confusión.
Arenas movedizas te hunden en deseos,
camas esperando, crujir de dientes.
Y dejas mi cuerpo, ahí, rígido,
sufriendo,
para seguir anegándote
en otras aguas,
mientras me amarro
a la imagen de tu espalda
para no volver a morir.



Carmen Amaralis