Libélula feliz,
con las alas mojadas,
hoy tengo los colores que buscabas.

Se terminaron los grises insufribles.

Puedo camuflar mis ardores
Y escribirte un poema
con el verde esperanza
centelleando en los ojos.

La negrura alejándose del verso,
con el azul tenue de la piel nacarada.

Llueve, y el arco iris crece en los delirios
con  chispas deslumbrando ese abrumado ser.

Y me parto en dos, dices, dos en una,
redoblada en la carne del placer:

La que vive en la jaula dorada del poema,
Y esa que se acomoda entre tus versos
para arder en las llamas
que encendieron los elfos.

Soy malabarista de miel que reverbera,
pebetero ardiente
enredada en tus alas,
en bosques misteriosos
canción celeste,
 volando en la alfombra que te eleva
descifrando el futuro
y ardiendo en la tinta de un poema.

Carmen Amaralis