(Homenaje a Don Ismael Vega Martell, mi padre)


Hoy estuve ante tu tumba
Y fluyó suave y en silencio
el rio de nuestras vidas.
Me vi niña de tu mano,
mano fuerte y grande,
mano siempre generosa.
Tu llegada al hogar,
después de un día de pesca
era siempre una fiesta:
Camarones , langostas y ostiones.
La felicidad reinaba,
como reina una cazuela de mariscos frescos,
si la madre es eficiente y ligera.
Hoy miré con calma tu tumba,
Coloqué flores y te pensé,
como se piensa el amor
después de un día de lluvia,
como se aceptan caricias tiernas.
Y vi las veces que tomados de las manos
me llevaste al colegio.
Cargabas mis libros con amor sincero:
- A estudiar mi niña, que es lo único que te dejo.
Pero dejaste mucho más,
mucho más que esos momentos.
Nos dejaste esta vida que tenemos,
Y la fe del amor
floreciendo en mis recuerdos.

 

Carmen Amaralis Vega