Triste, reconozco la insuficiencia del amor,
muere lento el corazón.

Palpita silenciosa la luna,
se burla pálida.
Hace tiempo no se escucha el chasquido de los cuervos,
se esconden esperando el desenlace.

Las líneas frías de la lluvia repican un réquiem,
mientras las lámparas sobre el sanedrín palidecen.

Hoy se deshace la última esperanza,
telarañas cubren el cofre de la vida,
va quedando un rastro de sombras,
y la fuente del jardín parece dormida.

Hoy agoniza el poco amor que queda.
Si tan solo le dieras una mirada al alma
despertarían los sentidos,
y volvería a palpitar el corazón.


 


Carmen Amaralis Vega Olivencia
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