Hoy la niebla la resguarda,
Le canta a la vida convertida en luz.
Y en todos sus palacios se siente el deseo enarbolado.
Canta la maƱana a los dedos que le tocan suaves,
tierno tacto que perciben sus labios sellados.
No llega la palabra correcta,
la esperada para el amor,
la que no debe requerirse,
ni dejarla perder en la mirada ausente.
Unos brazos la doblegan,
Y no hay dolor que le venza
ni espera tornarse violeta en la faena.
Se dobla entre el pasto verde y las cenizas.
Y sus gritos se hacen remolinos en el aire.
Para el amor hasta la vida es poco.

 

Carmen Amaralis Vega